La Cruz de Mayo volvió a reunirnos alrededor de la tradición, la música y el reencuentro.
Este domingo, el Centro Venezolano Argentino abrió sus puertas para celebrar una de las manifestaciones culturales más profundas y queridas de Venezuela: el Velorio de Cruz de Mayo.
Vestida con flores y colores, la Cruz ocupó el centro del encuentro como símbolo de fe, agradecimiento y celebración popular. Desde temprano comenzaron a llegar familias, músicos, cantadores y amigos de la casa para acompañar una jornada marcada por el canto, el encuentro y la emoción.
La actividad inició con el rezo del Santo Rosario y continuó con galerones, fulías y décimas interpretadas al son del cuatro, las maracas y la percusión tradicional. La música fue guiando un espacio íntimo y colectivo a la vez, donde la tradición dejó de ser recuerdo para convertirse nuevamente en experiencia viva.
Uno de los momentos más especiales de la tarde fue ver cómo distintas generaciones compartían el mismo ritual: personas que crecieron celebrando la Cruz en Venezuela junto a jóvenes y niños que quizás la vivían por primera vez en Buenos Aires. Allí apareció algo esencial de este tipo de encuentros: la posibilidad de transmitir cultura no desde la nostalgia, sino desde la práctica viva y compartida.
La celebración también recordó la importancia de sostener espacios donde nuestras expresiones culturales puedan seguir respirando lejos del país de origen. Cada canto, cada altar, cada encuentro alrededor de la Cruz es también una manera de mantener vivos los vínculos con nuestra historia y nuestras formas de celebrar.
Gracias a nuestra querida Amanda Querales, y su taller de cantos venezolanos, a los músicos Abrahan Leon, Jesús Esteban Querales, Carlos Leal, Alexey Pérez, Briaymi, Carla Albarez, Miguel y Samuel y a quienes apoyaron en la organización y acompañaron esta hermosa jornada en nuestra casa de Villa Crespo.






























