En un emotivo acto cargado de significado y esperanza, el padre Julio Villavicencio, director del Servicio Jesuita de Migrantes (SJM), ofreció una bendición especial al recién inaugurado Centro Venezolano Argentino.
Durante su discurso, el padre Villavicencio destacó los anhelos de quienes han encontrado en Argentina un nuevo hogar. «Esta iniciativa está sostenida por los sueños, es muy interesante», expresó el sacerdote. «Como esto es algo físico, material, también necesita dinero para mantenerse, pero nace de algo intangible que es el sueño, el sueño de poder crearlo, el sueño de poder tener un espacio propio, el sueño de poder hacer algo por los que están afuera del país».
El director del SJM resaltó la importancia del Centro Venezolano Argentino como un lugar de encuentro y preservación cultural. «Es un lugar que se proyecta de una manera muy especial por la necesidad de cuidar, de conservar, de transmitir la cultura de Venezuela, aunque ahora ustedes reconocen acá en Argentina otro hogar, aunque Venezuela nunca dejará de ser el hogar «, afirmó el padre Villavicencio.
El sacerdote también hizo referencia a la conmemoración del 19 de abril de 1810, fecha clave en la historia venezolana, subrayando la perenne importancia de la defensa de la democracia y la libertad.
«Pedir a Dios por todas esas ideas, por todos esos valientes y por todas esas luchas que al día de hoy continúan, no solamente en Venezuela, en muchos otros países. Más allá de que hay países en los que tenemos democracia, hay que seguir luchando por la libertad. La Libertad es saber que siempre está amenazada, nunca tenemos que estar satisfechos, hay que estar siempre atentos porque la tentación de quitarla siempre está», advirtió.
Soy porque somos
Un momento particularmente conmovedor de la bendición fue la lectura de un fragmento del poema «La Mochila» de la escritora venezolana Marycruz Lárez, dedicado a la experiencia de la migración. Los versos recitados por el padre Villavicencio resonaron profundamente entre los presentes:
«Soy porque somos todos un mundo por descubrir. Soy tierra, vengo del lodo, No tengo miedo a vivir. Soy luz en la oscuridad, una estrella al titilar. Soy una oportunidad, un ovillo similar. Yo soy la mujer que lleva en su vientre libertad. La madre que fuerte eleva su oración con humildad. Soy aquel niño que sueña al mundo siempre salvar con su carita de sueño y su inocencia normal. Soy un hombre que trabaja bajo el sol sobre el mar, que la cabeza no baja. Soy la abuela solitaria. Soy la niña del jardín. Soy la vecina solidaria. Soy mi inicio y soy el fin. Soy un libro abierto siempre. Un refugio para todos, mi propio punto de quiebre y al final yo soy porque somos».

























